Miércoles, 12 de Septiembre de 2007

Una ruindad infumable

Teresa Cárdenes

[La Provincia, 11 de septiembre de 2007]

Mal empieza la política cultural del nuevo equipo de gobierno en el Cabildo de Gran Canaria si el primero que se apresuran a conjugar es el verbo destruir para disolver con nocturnidad y alevosía el Gran Canaria Ballet. Sería muy útil que los verdugos directos e indirectos del GC Ballet, los consejeros Roberto Moreno y Luz Caballero, y por elevación el presidente del Cabildo, José Miguel Pérez, exhibieran ante los grancanarios en qué parte de su programa electoral rezaba la promesa de disolver esta compañía de ser ellos quienes llegaran a gobernar. O qué estudios de viabilidad económica han realizado, incluyendo las variables de una hipotética financiación privada del GC Ballet mediante iniciativas de mecenazgo cultural, antes de colocar la compañía de danza en el filo de la guillotina y triturar un proyecto sin más explicación que su carestía.

Como atestigua el agotamiento de las taquillas, es insoslayable la evidencia de que la danza tiene en Gran Canaria un fiel público de culto que agota los aforos cada vez que llegan a la isla espectáculos de ballet clásico o contemporáneo. A lo que se suma una nada despreciable cantera de aprendices canarios que, sea cual sea la escuela donde reciben formación, alberga el sueño de acceder al difícil mundo de la danza profesional.

En semejante contexto, ¿qué sentido político tiene que la primera decisión del nuevo equipo cultural del Cabildo sea destripar sin más el Gran Canaria Ballet, que conecta no sólo con un público potencial, sino que da lógica continuidad a la pretensión de profesionalizar la danza en Canarias e incluso convertirla en un icono más de referencia cultural de la isla?

Ninguno. De modo que este gesto incalificable y destructivo, radicalmente impropio de quienes predican talante o pretendida progresía, se manifiesta sólo como un acto caníbal que conecta con un sórdido tribalismo cultural que atiende o pulveriza proyectos en función de quién y con qué partido sintonizan aquellos que los representan. La cultura y los grandes proyectos deberían trascender a las personas y a las siglas. Pero Moreno, Caballero y Pérez se abonan a una mezquindad infumable y manchan con la sangre de esta ruindad la imagen del Cabildo y del Partido Socialista.