Eusebio Val
[La Vanguardia, 18 de octubre de 2007]
Es como si Madrid no pudiera elegir a diputados a las Cortes. Los habitantes de Washington, la capital más poderosa del mundo, están privados de representación en el Congreso de Estados Unidos desde hace más de doscientos años. La extraña peculiaridad histórica continuará porque la minoría republicana en el Senado bloqueó ayer un nuevo intento de que a los casi 600.000 washingtonianos se les otorgue al menos un escaño en la Cámara de Representantes.
De nada sirvió que el joven y dinámico alcalde, el demócrata Adrian Fenty, acudiera al Senado para interceder por los derechos de sus conciudadanos. El Distrito de Columbia (DC), nombre oficial de la capital, seguirá teniendo un delegado en la Cámara de Representantes, con voz pero sin voto, como ocurre sólo con territorios estadounidenses de índole semicolonial, como Puerto Rico, Guam, Samoa o las islas Vírgenes.
La anomalía que sufre Washington proviene de la Constitución. En ella se establece que sean los estados los que elijan representantes y senadores. Pero el Distrito de Columbia no es un estado. La metrópolis de ínfulas neoimperiales que diseñó el francés Pierre Charles L´Enfant quedó bajo la autoridad directa del Congreso. Hasta 1961, gracias a una enmienda constitucional, no se autorizó a sus habitantes a votar en las elecciones presidenciales. Y hasta 1973 no se le concedió tener un alcalde y un consejo municipal elegidos democráticamente. La ciudad ha sido siempre bastión demócrata.
El proyecto de ley rechazado ayer hubiera ampliado en dos –de 435 a 437– el número de escaños en la Cámara de Representantes. Uno hubiera sido para el Distrito de Columbia y otro para Utah, el primer estado al que le correspondería aumentar su representación en virtud de su crecimiento demográfico. Se trató de un compromiso que el grueso de los republicanos no aceptó. Tampoco el presidente Bush estaba de acuerdo. Los partidarios de dar representación a Washington necesitaban 60 votos para seguir con el procedimiento parlamentario. Se quedaron en 57. Los republicanos argumentaron razones constitucionales, pero lo que temen de verdad es que se abra la puerta para dar también a DC dos senadores, igual que los estados, que inevitablemente serían demócratas y supondrían una ventaja permanente para éstos.
La reivindicación por los washingtonianos de sus derechos se expresa desde hace años en una plataforma ubicua y muy efectiva: las matrículas de los vehículos. Debajo de las letras y los números está inscrito el lema Taxation without representation (tributación sin representación). Ese fue también uno de los gritos de protesta de las 13 colonias, a mediados del siglo XVIII, antes de iniciarse la guerra para independizarse de Gran Bretaña.
El Distrito de Columbia –177 kilómetros cuadrados– nació por la cesión de territorio de los estados de Maryland y Virginia. Años después Virginia recuperó lo cedido, en la margen oeste del río Potomac, justo donde ahora se halla el Pentágono. La capital cuenta con una mayoría de población afroamericana –57%– aunque esa cuota, que llegó al 71% hace más de treinta años, está en declive. Washington es también un perfecto laboratorio de los desequilibrios estadounidenses. Las disparidades son exageradas. El noroeste es rico y seguro. Allí vive la población blanca. El sudeste afroamericano es miserable; la delincuencia y la droga, omnipresentes. La crónica diaria de sucesos suele ser trágica. Abundan los tiroteos y las muertes violentas. La última víctima era un chico de 14 años abatido por policías de paisano que investigaban un robo en Atlantic Street, en un área alejada del pulcro Washington, ajardinado y monumental, que ven los políticos y los turistas.
Plácido
10:20 | 19 Octubre 2007 | Permalink
Al abrir hoy El País y comenzar a leer el principal artículo de opinión del día me encuentro con una extraña sensación de deja vu…
Pero, que coño de deja vu, el artículo ya lo había leído antes!… en esta página!
Felicidades chicos.