Jorge Marsá
Escuchamos o leemos de forma recurrente, y en Lanzarote especialmente, opiniones sobre la mediocridad, cuando no directamente sobre la incapacidad, de los políticos que nos gobiernan. De hecho, no hay más que ver cómo los valoramos en las encuestas: resulta ciertamente raro que aprobemos a alguno de los representantes que hemos elegido. El descontento con nuestros políticos proviene en parte de un malentendido que está bastante extendido: la idea de que la democracia fuera un mecanismo para escoger a los mejores gobernantes.
No lo es. Si lo fuera, no se entendería que estemos gobernados por personalidades de tan escasa talla intelectual y política como George W. Bush, José Luis Rodríguez Zapatero, Paulino Rivero o Manuela Armas. Si fuera posible organizar un comité de expertos para seleccionar a los mejores gobernantes, es seguro que ninguno de ellos habría resultado elegido. Y es que cuando se trata de elegir a los más capaces para una tarea, a nadie en su sano juicio se le ocurriría someterlo a votación entre personas que en su mayoría carecen de la formación y la experiencia necesaria para tomar una decisión acertada. ¿Pondría usted a votación entre sus vecinos el abogado que necesita para ganar un pleito?, ¿el director de su empresa?, ¿el mejor especialista para curar su enfermedad?, ¿el escritor que merece el premio? Por supuesto que no, que buscaría un mecanismo de selección que, al menos, no fuera garantía de fracaso.
La democracia no sólo no garantiza la elección de los mejores, sino que asegura que los elegidos no pertenecerán a ese grupo, porque resultaría casi un milagro que los mejores fueran los escogidos por un cuerpo electoral compuesto en su mayoría por mediocres. Si a ello le añadimos que la selección previa la llevan a cabo organizaciones burocráticas como los partidos, especializadas en lo que algunos han denominado la “selección adversa”, y que hoy nuestro sistema es la democracia de audiencia, esto es, que el campo de juego es el mediático, el fracaso está prácticamente garantizado: resultarán elegidos los más populares; nunca los mejores.
La cosa se agrava aún más después de la elección, cuando hay que asignarle al político el cargo público correspondiente. Personas que en la mayoría de las ocasiones no tienen ninguna experiencia en la gestión de organizaciones, ni la más mínima formación profesional sobre la actividad que van a desempeñar, resulta muy difícil que sean los mejores para ocupar cargos públicos que a veces manejan presupuestos que ya les gustaría manejar a muchos empresarios o economistas con dilatada experiencia. Así, de la noche a la mañana, esos políticos actúan como “expertos” en la gestión del urbanismo, la sanidad o el transporte.
Como se ve, y como se constata en la realidad, la democracia nos garantiza que prácticamente jamás encontraremos a los mejores al frente de nuestras instituciones públicas. Conviene saberlo para que luego no nos llamemos a engaño, para que no le pidamos peras al olmo. Aunque también conviene no olvidar que, pese a lo dicho, la democracia ha demostrado sus ventajas sobre cualquier otro sistema político conocido hasta la fecha, aunque sólo sea porque nos permite librarnos pacíficamente de los mediocres que un día elegimos para gobernarnos.
EL GRILLO
14:26 | 25 Octubre 2007 | Permalink
Un ejemplo de políticos mediocres son aquellos que dejan que ocurra lo que nos muestra el Fisgón en la foto que hay debajo de este articulo, mediocres aquellos políticos que permiten 7 presidentes del cabildo en una legislatura, mediocres aquellos políticos que viven de las instituciones, pero me pregunto ¿ nosotros el pueblo somos igual de mediocres por permitirnos tener politicos mediocres ?
gu
18:44 | 25 Octubre 2007 | Permalink
Yo que tu daría un “golpito” y pondría los mejores.
José
19:25 | 25 Octubre 2007 | Permalink
Muchos golpes de estado y dictaduras tuvieron como argumentos (ciertos) la mediocridad de los derrocados gobernantes democráticos.
S.G.
10:24 | 26 Octubre 2007 | Permalink
Igual no es problema de la democracia. Igual no es un problema político sino social, biológico o antropológico. Igual se debe a un “hecho evolutivo”. Igual el Homo sapiens se ha quedado corto y no ha llegado esa escala con capacidades cognitivas más ventajosas, que le permita delegar, en el individuo más capacitado, los valores colectivos. Igual el problema radica en que los valores son cada vez menos colectivos. O Igual radica en que no haya individuos más capacitados, con las cualidades realmente importantes para ejercer de político.
Weber decía que las cualidades ideales de un político son tres: sentido de la responsabilidad, pasión y mesura, y que sus vicios eran, de la misma forma: la ausencia de responsabilidad, la falta de objetivos firmes y la vanidad.
Igual Max estaba equivocado.
you el indio
1:12 | 28 Octubre 2007 | Permalink
los representantes públicos son un reflejo de la sociedad que los elige, quizá como decía Valle-Inclán “un reflejo que en espejos cóncavos dan el esperpento”…pero no por eso dejan de ser equivalentes e iguales a lo que somos todos….porque que yo sepa y a menos que me demuestren lo contrario ninguno de “ellos” ha llegado en una nave espacial con la misión de hacernos la puñeta, aunque eso si, lo hacen de lujo los muy cabroncetes…
Ahora si me lo permiten voy a dar unas definiciones, (prestadas del diccionario por supuesto) y que cada uno le ponga la cara que crea conveniente:
POLITICASTRO: Es la denominación despectiva del político poco hábil, sucio en su actuación o de intenciones oscuras y poco convincentes….¡Uf! a mí por lo menos me lo ponen difícil…hay tanto en el panorama conejero donde ubicar esta definición que se me ponen los pelos de punta, a mi me pasa lo mismo que al ex ministro de justicia, me da tanto asquito los del cartel de medellin que mejor me inhibo y pasamos a otra cosa
POLITIQUEAR: Intrigar, enredar, maquinar, servirse…
POLITIQUERIA: Sistema o conducta q
you el indio
1:20 | 28 Octubre 2007 | Permalink
…ejem! , perdón, ….
…que caracteriza los manejos y marrullerías de los politicastros…
por qué me da la extraña sensación que todas estas definiciones son tan cercanas y familiares…debe ser que soy un maníaco obsesivo… ¿o no?…(cierre con banda sonora de Psicosis)