Jueves, 28 de Septiembre de 2006

Vuelta a las andadas

Jorge Marsá

Era muy gráfico el titular de la portada de La Provincia de ayer: “Martín retoma el discurso de CC contra el crecimiento demográfico”. ¿Cómo entender el término “retoma”? Pues que con la llegada de la campaña electoral, se vuelve a las andadas, al mismo argumento que ya utilizó profusamente CC en la que precedió a las elecciones del 2003. Coherencia política; son nacionalistas.

No obstante, nos informa el periódico de que el presidente “se esforzó en desvincular ese desarrollo demográfico con la masiva llegada de cayucos en los últimos meses, que es un problema diferente”. Pues claro, teniendo dos problemas, por qué dejarlos en uno. Así que se presentarán a las elecciones con dos lamentos: víctimas de los inmigrantes que llegan por avión y víctimas de los que llegan por cayuco. Dos asuntos para alimentar los sentimientos xenófobos de la población y que esperan que exciten a la par los sentimientos nacionalistas; sentimientos tan próximos.

Sabido es que el victimismo forma parte de la sustancia del nacionalismo periférico en España; todos con su identidad diferenciada, todos tan iguales. Por lo tanto, a nadie extraña que quienes llevan veinte años en el Gobierno de Canarias sostengan que son inocentes, que ninguna responsabilidad tienen en la cuestión de la inmigración, porque, como acostumbran a decir, carecen de competencias.

Al victimismo se añade, en este caso, lo que no cabe más que considerar como desconocimiento de la realidad del fenómeno migratorio o como puro cinismo. Porque aunque es cierto que la pobreza de los países emisores alimenta la emigración, lo es más que su motor fundamental lo constituye la riqueza de los países de destino. Debería estar claro que los emigrantes llegan a Canarias porque se les llama, porque les están esperando sus puestos de trabajo. En caso contrario, no vendrían, como no venían hace un par de décadas a pesar de que en sus países sufrían la misma pobreza.

En consecuencia, puede decirse que la inmigración es también el resultado, prácticamente directo, de la política de CC durante todos estos años, hasta el punto de que podría adjudicarse una cuota de inmigrantes a cada de uno de los muchos hoteles aprobados por el Gobierno de Canarias, porque esos inmigrantes eran imprescindibles para construirlos y para el mantenimiento de la actividad turística. La cuenta es fácil: tantas camas turísticas, tantos emigrantes.

Y en este terreno, que es el importante, el Gobierno que preside Adán Martín tiene todas las competencias, y las ha ejercido: ha aparcado las Directrices que ellos mismos aprobaron y ha continuado aprobando plazas turísticas. Y no pierde oportunidad de seguir haciéndolo, y en cualquier rincón que les quede libre: en estos días intentan aprobar en el Parlamento una modificación de la Ley de Puertos de Canarias con la pretensión del “Gobierno de atribuirse en solitario la autoridad para conceder camas turísticas en las instalaciones portuarias canarias” (La Provincia del martes).

Esta es la realidad o, más exactamente, una aproximación racional a la realidad. Claro que pedirle racionalidad a una propuesta política como el nacionalismo, que se construye a partir de la irracionalidad, del sentimiento, es mucho pedir.