Martes, 11 de Diciembre de 2007

La educación a debate II. El fracaso de la LOGSE

Jorge Marsá

Me parece obvio que lo que algunos consideramos el fracaso del sistema educativo español tiene causas y responsabilidades diversas. Y que tampoco en este terreno cualquier tiempo pasado mejor. Sin embargo, creo que una de esas causas, y de las importantes, la encontramos en la implantación de la política educativa que se concretó hace 17 años con la aprobación de la LOGSE. En mi opinión, han sido variadas las consecuencias perniciosas de aquella ley, pero por el momento me centraré en uno de sus aspectos, el que dio lugar a la respuesta de Raúl García Brink (Asimétrico) que iniciaba este debate, y que se resume en una afirmación y una cita en mi artículo “Cuesta entender”:

Podríamos ir enterrando de una vez por todas el espíritu de la LOGSE, la apuesta por rebajar el nivel de exigencia en nuestras escuelas como mecanismo igualitario. Y es que todos los países que han hecho bien su trabajo en este terreno han ido precisamente en la dirección opuesta. En El País de ayer: “Los mejores sistemas han demostrado que la escuela puede compensar las desigualdades sociales y económicas de los alumnos. ¿Cómo? Marcándose unos mínimos muy altos”.

Esa rebaja del nivel de exigencia se defendió en su momento como la mejor alternativa para facilitar el acceso a la educación de los alumnos más desfavorecidos. Al eufemismo de la diversidad acudía Alvaro Marchesi, uno de los “padres” de aquella ley:

Un rasgo es el que se refiere a la necesidad de atender a la diversidad de alumnos. La educación secundaria ha de ser capaz de dar respuesta a aquellos alumnos más capaces y más motivados, pero también a aquellos otros menos capaces, menos motivados y con menos intereses.

La disminución del nivel de los contenidos impartidos en la escuela era, se nos dijo, una apuesta por la igualdad. Apuesta que Raúl García Brink parece compartir en su comentario. Y los círculos gubernamentales presumen en estos días del éxito cosechado, de que la enseñanza española ha conseguido un nivel de equidad cercano al de Finlandia. En el caso de que fuera cierto, parecen olvidar un “pequeño” matiz: que los alumnos finlandeses se igualan por su conocimiento, mientras que los españoles lo hacen por su ignorancia. Unos se equipararían por el éxito; los otros, por el fracaso.

La rebaja de los contenidos ha privado a los alumnos “más capaces y más motivados” de los conocimientos necesarios para alcanzar el nivel al que podían aspirar, esto es, ha provocado que el sistema educativo en España haya fracasado con ellos: en los niveles con mejores resultados del Informe PISA prácticamente no aparecen estudiantes españoles. Pero lo grave es que además se continúa fracasando con “aquellos otros menos capaces, menos motivados y con menos intereses”. La disminución del nivel de exigencia no ha impedido que España lidere las tasas europeas de fracaso escolar. Y francamente, parece una broma de mal gusto presumir de la equidad o de la igualdad de un sistema de enseñanza en el que el fracaso escolar alcanza nada más y nada menos que al 30% de los alumnos.

En España hemos experimentado en carne propia el descalabro de la apuesta pedagógica por rebajar el nivel de los contenidos como medio para facilitar el acceso a la educación a los estudiantes de baja extracción social que supuso la LOGSE. La desigualdad sigue bien presente y, lo que es peor, han sido precisamente los alumnos más capaces y motivados de las clases menos pudientes los más perjudicados por esa política educativa. Dejo para una próxima entrega la argumentación sobre estas dos últimas afirmaciones.